Friday, 20 Abril 2018

 
Paraná - Investigación. El nuevo libro del periodista Daniel Enz, “Los hijos del narco”, es una radiografía del avance de la droga en la provincia. También un punto de partida para tomar medidas al respecto.
 
Lo que se sabe y habla del mundo del hampa tiene siempre partes de realidad y partes de mitología; hay tantos secretos a voces como datos oficiales que constan en expedientes judiciales; algunos trascendieron públicamente y otros permanecen ocultos bajo siete llaves, en la memoria de investigadores, delincuentes y lenguaraces.
 
Hubo episodios sangrientos, desopilantes y oscuros que pudieron torcer la historia, sin que nadie lo notara. Cuando alguien transpira en reunir toda esa información, sistematizarla y publicarla, logra una obra reveladora. Y si el asunto del cual se escribe es el narcotráfico, hoy, su importancia se multiplica. Daniel Enz -periodista, 52 años-se metió donde nadie hasta ahora. De Julio Godoy y Chiro Lenzi, al exchofer de la Gobernación Marcelo Acosta; del muerto en su ley Ricardo Mancuello al intocable Daniel Celis; del Viejo Roberto Sterz a Petaco Barrientos, entre otros personajes tristemente célebres, sin faltar colombianos y mexicanos, el libro repasa sus andanzas y pasiones.
 
Están entre nosotros. Puede ser el que se sienta al lado en el colectivo o el que maneja el taxi; el vecino que te prestó la escalera o el kiosquero que fía; el pastor que predica o el abogado que aparece en la televisión; el tumbero tatuado o el empresario de familia intachable; el policía que dice cuidarte o el próximo gobernador o intendente que vas a votar.
 
Así de cerca se siente algo que parece de otro planeta cuando se termina de leer Los hijos del narco, una radiografía de los principales narcotraficantes entrerrianos, sus socios y secuaces, sus vínculos empresariales y políticos, sus contactos policiales a cambio de protección. Al igual que en las diferentes novelas de Gabriel García Márquez, por nombrar al más célebre, en los distintos libros de Daniel Enz los personajes saltan de un texto a otro. Con la salvedad de que en los del Gabo se trata de los protagonistas de una ficción alucinante, mientras que en los del Ruso son los actores de una triste realidad.
 
Así, en Los Hijos del narco el lector se encuentra con nombres de abogados, asesinos, funcionarios, empresarios, investigadores, que tuvieron su esplendor en obras anteriores del periodista, sobre hechos que sacudieron a la provincia en las últimas décadas. Códigos, vínculos y números En el relato de las historias a lo largo de 13 capítulos, una de las cosas que se observa es el cambio y desarrollo en el modo organizativo de cada banda narco, así como los códigos de sus integrantes. Antes el narcotraficante era el que, en última instancia, le ponía el cuerpo a las balas.
 
Ahora, en los últimos años, el que va al frente es el soldadito: adolescentes pobres, perdidos en el consumo de drogas, seducido y atrapado por el jefe, dispuesto a matar y morir por un gramo de cocaína o por defender el territorio. La escena de Cuqui Velásquez (quien supo mover la cocaína en Paraná) resistiendo a tiros la detención en su casa del barrio Anacleto Medina ante la traición de efectivos de Toxicología, y cayendo finalmente acribillado, dista de aquella en la que Gonzalo Caudana se entregó pacíficamente en Santa Fe: El Gordo sabía que era un gaje del oficio, y que lo esperaba una estadía cómoda en una celda VIP en la cárcel, con penitenciarios permeables, desde donde siguió manejando sus negocios, según lo narrado con detalles en el libro.
 
Lo que sí se mantuvo sin demasiados cambios desde los primeros hechos que describe la investigación hasta la actualidad, tal como lo muestra Enz en diferentes pasajes, es la escasa o nula importancia que los distintos gobiernos le han asignado al problema, pese al crecimiento sostenido del narcotráfico año a año. En este punto, con la información que aporta el libro sobre hechos y causas judiciales en las que se cruzan nombres de narcotraficantes y otros cercanos al poder político, se pone en cuestión la real voluntad y presunta complicidad.
 
En la tradición del imaginario popular está el policía o el funcionario que pasa cada tanto por la casa del narco a cobrar su canon para permitir que siga la actividad ilícita. Sin embargo, con las cifras monetarias que mueve el narcotráfico reveladas por Enz, quedan dudas respecto de quién manda a quién. Solo por adelantar una de ellas, el negocio movería en Entre Ríos un total de 1.104 millones de pesos por la comercialización de marihuana y cocaína (sin contar drogas sintéticas). Monto equivalente al 2,5% del presupuesto 2015 del gobierno de la provincia. Y solo tomando en cuenta las principales ciudades. “No sabe qué hacer con la plata”, contó un joven al escritor respecto de los ingresos de un narco dedicado a la cocaína.
 
Cualquier lector asalariado medio no podrá evitar hacer otro cálculo: se debe trabajar durante dos años sin gastar un centavo para llegar a juntar el dinero que solo semanalmente le ingresa a algunos de los narcos. La descripción de las propiedades que adquieren evidencia el grado de impunidad con que se manejan, a la vista de todos. Ganancias obscenas que tienen como contraste miles de personas, sobre todo jóvenes, y sus familias, arruinados por las consecuencias de la adicción a las drogas. Otro punto más del libro que deja al lector casi abatido es la liberación de campos, islas y ríos para el movimiento de los estupefacientes por parte de los narcotraficantes. De la consigna Ríos libres para pueblos libres del general José Gervasio Artigas, a las toneladas de marihuana que circulan por las aguas del Paraná y el Uruguay, ante la impotencia de las escuálidas delegaciones de la Prefectura Naval Argentina en las costas entrerrianas.
 
Son estos solo algunos de los aspectos sorprendentes de una realidad tan cercana como desconocida, que Enz describe y, principalmente, demuestra en esta nueva investigación. Los hijos del narco resulta entonces de una lectura obligada para saber dónde estamos parados si queremos dar, por fin, algún paso en enfrentar el problema, antes de que sea tarde. “Una investigación imprescindible” “En la última década hubo más de 200 personas asesinadas en Paraná (con un alto número de jóvenes en el listado) como consecuencia de la droga. vendettas, crímenes, excesos de alcohol y droga, locura callejera, violencia contenida, constituyeron un combo que derivó en demasiadas muertes, fundamentalmente en barrios humildes de la capital entrerriana”, sostiene Daniel Enz en un pasaje del libro. En el prólogo, el periodista Hugo Alconada Mon, dice para invitar a leer Los hijos del narco: “Hay noticias más urgentes que otras. Y hay investigaciones más relevantes que otras. Pero solo unas pocas son imprescindibles. Esta es una de ellas”.
 
Fuente UNO Entre Ríos
 

 
 

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