Thursday, 19 Abril 2018

 
La cifra responde a la cantidad de casos registrados en la entidad de enero a junio. “Esto se debe a la visibilidad que hoy tiene el tema”, dijo en diálogo con Diario UNO la psicóloga Laura Manzi.

 

Por Loreley Duré

En lo que va del año, el Centro de Atención a la Víctima que depende de la Defensoría del Pueblo de Santa Fe atendió 98 casos de abuso sexual infantil, lo que representa a un ingreso promedio cada dos días. “Hablamos de cifras alarmantes que no son atribuibles a un aumento de casos, si no que refieren al resultado de las campañas que apuntan a visibilizar la problemática y a la creación de espacios de denuncia accesibles a las víctimas”, dijo al respecto en diálogo con Diario UNO la coordinadora del Departamento de Psicología de dicha entidad, Laura Manzi, al tiempo que agregó: “Históricamente hubo una tendencia a acallar o negar el tema del abuso sexual infantil y en ese contexto no se tenían en cuenta los decires de los niños y hasta se atribuían sus relatos a fantasías o sugestionabilidad de los adultos que lo rodeaban. 

Es decir que no se confiaba en la memoria del niño. Pero hoy esa situación ha cambiado y se presta más atención a estos casos”. –¿Qué características tiene este tipo de maltrato? —Se considera abuso sexual infantil a todo acto o interacción entre un niño/niña o adolescente y un adulto que busca satisfacer un deseo propio o ajeno valiéndose de su condición de “poder”.

En general este tipo de situación tiene lugar en un ámbito cotidiano para el niño y se da como una forma de juego, acción que puede prestarse a confusión para el pequeño en cuanto a cómo vislumbrar la intensionalidad.

Asimismo hay que aclarar que la mayoría de las relaciones de abuso se dan en el ámbito familiar, de la mano de un integrante que refiere un alto grado de confianza para ese pequeño, situación que acentúa más su grado de desconcierto.

—¿Hay algunos indicadores conductuales que puedan representar un alerta para los padres a la hora de hablar de abuso?

—Más allá del indicador físico, que puede existir o no, el principal indicador específico es el relato del niño, que cual puede manifestarse a través de la verbalización, del juego o bien también a través de las manifestaciones expresivas como ser el dibujo.  Dichas señales pueden marcar un alerta, el cual bajo ningún punto de vista debe ser menospreciado por el padre, madre o encargado, quien llegado el caso debe acudir a buscar ayuda y a las autoridades para presentar la denuncia. Asimismo, existen otros factores muy variados del orden de lo afectivo, emocional y cognitivo que pueden ser también un eje a analizar, pero que no siempre será absoluto. Ya que si bien puede significar una alarma que el niño se muestre agresivo, angustiado, apetecible, aislado o sufriente, esas exteriorizaciones no tienen connotación específica con el abuso, sino que también pueden estar indicando alguna otra situación.

En este sentido, la profesional aseguró que para trabajar en abuso sexual infantil es muy importante informarse sobre psicología evolutiva, es decir “ver qué que se puede esperar en cada etapa del niño”. Y al respecto dijo: “Hoy existen múltiples estudios de la neurociencia que han permitido descubrir lo que se puede esperar en los relatos dependiendo la edad, un tema que repercutió positivamente en la detección de casos y desterró el mito de la mentira sobre lo que la víctima expresa en consecuencia”. —Usted mencionó la búsqueda de ayuda y la denuncia, ¿qué pasos se deben seguir en ese sentido?

—Los dos aspectos se vinculan, en cuanto a que la justicia también puede ser una manera de reparación, pero no la es única; y en el sentido de que al llegar el caso a uno u otro lugar el trabajo se realizará en forma conjunta. O sea, trabajamos articuladamente con el ministerio público de la acusación,  la subsecretaría de la Niñez y hasta entidades como el hospital de Niños y el ministerio de educación, por ejemplo. Todos nos derivan casos cuando lo consideran necesario y viceversa, incluso con entidades del interior de la provincia como las sedes que tiene el Centro de Atención a la Víctima en Reconquista y Rafaela.

—¿Y qué tipo de atención recibe el niño o niña que llega a esta institución? —Nosotros atendemos al menor en primera instancia fundamentalmente para ayudarlo a que pueda poner en palabras lo que vivido, que es una manera de no sufrir pasivamente sino de asumir lo sucedido desde un lugar que lo habilita para expresarse. Pero como su cuidado no dependerá solo de nosotros sino específicamente de la familia o las personas que lo rodean, trabajamos también con su entorno que de una u otra manera está también muy afectado y rodeado de sentimientos de culpas, humillación y broncas, porque a veces unos creen y los otros no; y aparecen discursos que plantean el “que dirán” o similares. Es decir que siempre en estos casos se trata de una situación compleja que hay que abordar en familia y con el niño o niña afectado para que tampoco le quede miedo en un futuro.

—¿Cómo se trabaja respecto de la no revictimización del abusado?

—Uno de los parámetros más importantes en este sentido tiene relación con la sobreprotección que aparece en casos de abuso confirmado y también de progenitores que ante el miedo atribuyen cualquier actitud llamativa a una posible situación de abuso. Por eso, si bien nosotros bregamos para que se visibilizen estas situaciones, no queremos que se hagan denuncias que puedan pecar de exageradas y que puedan resultar contraproducentes para el niño o niña. “Hay mamás que a veces están obsesivamente atentas, situación que puede generar dudas”, agregó en este sentido Laura Manzi y cerró: “Por cuanto, en estos casos siempre sugerimos que se haga una consulta con personal especializado, a donde no necesariamente se lo debe llevar al menor, sino que en primera instancia lo puede hacer el adulto para determinar si el tema amerita o no un mayor compromiso”. Sobre este punto la profesional relató que han atendido muchos casos  con esas referencias en el Centro de Atención de Atención a la Víctima y para concluir remarcó a la reacción del entorno como uno de los puntos claves para procesar y superar el abuso. “Cuando un niño o niña no se siente acompañado o se ve descreído de sus dichos es muy posible que no quiera hablar y vuelva a sentirse defraudado por lo que pasa o culpable, por tanto es importante que los papás y mamás acompañen a sus pequeños en estos procesos en forma contundente desde el principio”.

Asimismo y para finalizar Manzi afirmó: “También les decimos a los papás que tienen un hijo o hija que ha pasado por una situación semejante, que tampoco es bueno que tengan al pequeño en una caja como de cristal y que no lo habiliten entonces a desarrollar sus potencialidades, sus capacidades de cuidado o la posibilidad de que pueda poner límites. Por el contrario hay que apoyarlo para que sepa cuáles son sus derechos y aprenda a defenderlos”.

Fuente: UNO Santa Fe

 
 

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